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| 24 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Pedro
Madrid (España)
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Su valoración:  |
31 de Agosto de 2008 |
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Alberto Méndez vivió a hurtadillas su afición a la escritura alcanzando la recompensa con su única obra publicada: "Los girasoles ciegos". Su intención, la que guardó durante toda una existencia, fue recuperar la dignidad de los vencidos escondida durante los años de la posguerra franquista y que incluso a muchos aun hoy parece molestar que se recupere. Tras su fallecimiento, alcanzó el reconocimiento póstumo recibiendo el premio de la crítica, el nacional de literatura y cosechando el éxito siendo traducida a diversas lenguas y publicada internacionalmente.
La historia original en que se basa la película es poderosa y aborda en un lenguaje literario rico cuatro hilos paralelos relacionados con el sentido de la derrota: un capitán franquista que renuncia a la victoria, un joven que huyó con su pareja embarazada, un preso que lucha por dejar claro quién es víctima y quién verdugo, y un hombre que sobrevive escondido tras un armario. Sin alcanzar ni mucho menos las cotas de la obra literaria, Rafael Azcona -en su último legado- y José Luis Cuerda toman diversas pinceladas del relato intentando recoger la esencia del mismo y dejando un resultado en definitiva digno.
En toda la cuidada y bien ambientada puesta en escena, no deja de maravillar Maribel Verdú, a la que la ironía ha puesto a las órdenes del director que la rechazara de jovencita en un casting alegando que era demasiado guapa, y a punto estuvo de rechazarla ahora por demasiado flaca. Así que ella, aun con caderas postizas incluidas para ser lo voluptuosa que requiere su personaje, nos obsequia con su interpretación, dando réplicas a dos actores que no le desmerecen y resuelven óptimamente sus papeles: Javier Cámara y Raúl Arévalo.
Especial atención por el trasfondo de sus palabras y la escritura de los diálogos requieren las escenas entre Arévalo (el diácono lascivo que encarna las hipocresías del nacionalcatolicismo) y José Ángel Egido (el rector del seminario). También, poco antes del desenlace, nos deja Azcona de despedida en boca de Cámara, unos emotivos versos de Antonio Machado que no escribiré ahora, pues prefiero terminar con esta otra cita: "Seré uno más en el rebaño, porque en el futuro viviré como uno más entre los girasoles ciegos."
Pedro 
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| 28 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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talktonight
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
29 de Agosto de 2008 |
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Cuerda nos habla de perdedores y perdidos, del dolor que incluso requiere del autoengaño para soportarlo.
Para algunos, para muchos, al acabar la guerra, comienza la Guerra. También llamada posguerra. A veces va acompañada de represión.
Y la represión siempre es una historia actual, que todos soportamos. De ella nacen violadores, maltratadotes, asesinos, curas o acosadores.
Siempre es la misma historia con diferentes tipologías, pero no importa si la metáfora es el girasol ciego, el estar dentro del armario o el pájaro sin alas.
Esta es la historia universal de las consecuencias de la represión. El sexo como tabú, el desnudo como sucio, la moralidad y la Iglesia –gran templo y símbolo eufemístico de la Represión-.
Si sois padres de niños pequeños, os lo ruego, no les tapéis los ojos ante un desnudo de Maribel Verdú.
Gratificante es encontrar una historia no innecesaria, inusitado en nuestro costumbrista cine -quisiera aludir directamente a la competidora oficial de esta cinta para esta temporada: “una palabra tuya”-, que ha caído en una monotonía reiterativa y agonizante, necesitada de nuevas fórmulas que revitalicen el panorama y acompañen a títulos como el hoy nos ocupa.
No innecesaria, pero sí ya contada.
Es imposible en una historia así escapar de los símbolos, pero sin llegar a remarcar roles que apuntan a un maniqueísmo demasiado enfático. Aquí no se llega al exceso, pero existen los inevitables y molestos clichés.
Cuesta entrar. Mi querido acompañante –Amor perro- dio en el clavo al calificar el inicio de “tipo Garci”. Pero toma el pulso pronto, y el gran mérito de esta cinta es su tono opresivo, traspasando una desagradable sensación, insoportable, al espectador.
Por desgracia la propuesta escénica y narrativa es muy poco estimulante. Nada de novedad.
Los actores simplemente bien, sin alharacas.
Cámara es un actor del que se puede y suele esperar lo peor. También grandes cosas, en ese caso suele necesitar de la batuta de un buen director. Aquí cumple y me deja una sensación de que el personaje no le sienta especialmente bien.
Verdú tiene el innato don de la mirada y de la expresión. En su cara, en sus ojos, en sus tetas. Todo su cuerpo es capaz de hablar y sufrir. Me fascina por terrenal.
Aunque me molesta que Cuerda se deje llevar por la euforia y sea capaz de calificar a Verdú como la mejor actriz del mundo, declaraciones infantiles y desmedidas impropias de un veterano, como si de un vulgar Jaime Rosales hablando de su obra se tratara.
Ninguna actuación espectacular, pero es Arévalo quien nos regala la mejor.
Actor de rasgos y mirada inquietante, de primeros planos y querido por la cámara. Talento con aroma a Goya –por ser la categoría masculina, siempre de un nivel tan ínfimo-, y quien apunta grandes cosas. Destinado a ser el relevo de los insoportables Sanz, Noriegas y demás “actores”.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Maribel Verdú no enseña las tetas.
talktonight 
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| 15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Mikel
Vigo (España)
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Su valoración:  |
1 de Septiembre de 2008 |
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Hay dos películas.
Una ya la habéis visto. Os podrá gustar o no, pero sentireis el mismo regustillo a comida de ayer que sentí yo.
Por otro lado tenemos un metraje con ínfulas de ser protagonista, pero que naufraga cual mártir devorada por leones.
José Luis Cuerda es el patrón de un barco. Lo gobierna tal y como él quiere, lo hunde y lo rescata, lo hunde y lo rescata, lo hunde y lo rescata. Y cuando atraca está muy mareado, pero disimula.
Lo mejor: Maribel Verdú. Y no porque esté en su "momento", no porque todos hablen de ella, no porque ruede con Coppola, no porque esté más buena que nunca, sino porque hace un trabajo expecional, comedido, terrenal, pasional, contenido. Su oficio es más que digno de ver.
Lo peor: si seguimos por el camino de las interpretaciones, nos encontramos con un Martín Rivas muy sobreactuado, una Irene Escolar que la pobre... pobre, y un Javier Cámara, que aunque da el pego muy bien, podría haber sacado mucho más jugo de un personaje con tanto bagaje emocional.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Me alegré de que no las enseñara, así no se desvió mi atención de su magistral actuación.
Mikel 
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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Moncho
Vigo (España)
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Su valoración:  |
6 de Septiembre de 2008 |
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Desde luego, estamos delante de una película, de una historia -o mejor dicho: las circunstancias históricas reales que la rodean - que cuenta algo que apela muy directamente al corazón del espectador. Quiero decir que si uno conoce un poco la historia de España -y ya no digamos si tiene noticia familiar, por amigos, conocidos... de casos más o menos semejantes a los que se narran en el film- es muy difícil no sentir simpatías/antipatías por las personas reales que puedan estar detrás de los personajes de ficción. De este modo, es fácil entrar en el mundo que se nos describe y, en consecuencia, mirarla con simpatía, perdonar sus fallos y juzgarla positivamente o, al menos, con benevolencia.
Me imagino que a mucha gente le pasará lo que acabo de describir y comprendo que es algo que se escapa a la razón, porque manda el corazón.
Ahora bien; si uno se plantea que lo que está viendo en la pantalla es -tiene que ser- sobre todo cine... entonces la impresión es otra muy diferente. La impresión es la de una historia cinematográfica fallida. Fallida, en primer lugar, por un guión poco sólido, confuso, en el que son demasiados los cabos sueltos (ya sé que decir tal cosa del gran Azcona parece un pecado, pero ésa es la verdad, por mucho que (me) duela). El personaje del cura -fundamentalísimo- está pesimamente tratado, es contradictorio -y no buscadamente contradictorio que sería lo bueno-, imposible de mantener. Y, sobre todo, está interpretado de una forma tan monocorde que echa para atrás. Lo siento por el actor, pero tiene muchísimo que aprender. Por ejemplo, y sin ir más lejos, de quién le da la réplica: Maribel Verdú y Jose Ángel Egido, salvando ambos lo muy dificílmente salvable. Por lo demás, la historia de los jóvenes huidos a Portugal no pega nin con cola en el conjunto de la narración, aparece como un añadido puesto ahí con calzador.
En fin; con toda la publicidad a favor y con un estado sentimental de la opinión pública -o parte de ella- por causa de la memoria histórica también a favor, le darán varios Goya. Pero no será justo ni honrado. Cinematográficamente, quiero decir.
Nadie mejor persona que mi tío Demetrio, republicano de corazón. Pero una cosa fue su dignidad, su valentía y otra que yo crea que sus relatos merecían el Nobel. No sé si me explico, pero algo parecido pasa con la película: las buenas intenciones no hacen necesariamente buen cine.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Curiosamente, en la película de producen algunos deslices históricos. Por ejemplo, el hecho de que los guardinhas portugueses maten a tiros al personaje interpretado por Martín Rivas. Por muy mala -que lo era- que fuese la dictadura de Oliveira Salazar, no se comportaban de ese modo.
Igualmente, si se dice que el personaje de Raúl Arévalo obtuvo el grado de alférez... ¿a qué viene que lleve una estrella de comandante en la bocamanga?
¿Cómo es posible que ese mismo personaje al mismo tiempo esté traumatizado por lo que vivió e hizo él mismo en la guerra, sea un putero -algo que le recuerda el gobernador civil o el cargo que sea, cuando lo visita para pedir informes acerca de los familiares del personaje que encarna Maribel Verdú- y, de repente, se enamore de una mujer casada como un simple colegial?
Moncho 
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| 10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Si esta película se hubiera realizado al principio de los años 80, hoy estaríamos ante una película valiente que trata el tema del fascismo militar y religioso, en una historia cargada de tensión sexual. Pero en el 2008, después de tantas películas sobre la guerra civil española y la posguerra, esta no aporta nada nuevo. Bueno, si aporta un excelente trabajo de Maribel Verdú que salva la película y Javier Cámara en un momento sublime: cuando lee la noticia del periódico y se derrumba apoyando en el espejo sus manos que le tapan la cara. Además es muy maniquea, los malos muy malos (los curas) y los buenos muy buenos (los profesores de Literatura) y vaya forma de meter con calzador a Pemán frente a Antonio Machado. Yo siempre insisto en que las imágenes tienen que ir contando la historia y aquí la fidelidad a una novela hace que guión tenga demasiadas frases que leidas quedan bien pero en plano – contraplano se hacen pesadas. Y la historia de la hija con el poeta comunista, y los avatares de su huida a Portugal, está muy mal contada. Y que forzada queda la música. ¿A quién se le ocurriría poner esa música en el final de la capilla? Uno espera que en cualquier momento salgan “Los niños del coro” y se lleven a Raúl Arévalo al altar. A la película se le ha hecho muy buena promoción y no responde para nada a las perspectivas que levanta. Lo siento por José Luís Cuerda que hasta ahora me gustaba.
Pepe del Montgó 
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